ECONOMíA
Los feedlots alcanzan su mayor nivel de ocupación en meses, pero el negocio sigue bajo presión
Por Karen Amalia Soto — 17 octubre, 2026

Los corrales de engorde de la Argentina atraviesan una situación que refleja una de las principales tensiones de la ganadería actual: la actividad crece, los establecimientos incorporan más animales y la ocupación aumenta, pero la rentabilidad continúa siendo un desafío. El escenario obliga a mirar más allá de la cantidad de bovinos encerrados y analizar cuánto cuesta producir cada kilo de carne.
De acuerdo con la encuesta mensual de la Cámara Argentina de Feedlot, al 1 de octubre la capacidad utilizada por los establecimientos profesionales llegó al 72,2%. El indicador se ubicó casi diez puntos porcentuales por encima del registrado un año antes y marcó el undécimo mes consecutivo de crecimiento. El relevamiento correspondiente a octubre contó con respuestas de 117 establecimientos, con una capacidad de encierre de aproximadamente 948.000 animales.
Otro indicador relevante fue el índice de reposición, que mide la relación entre los animales que ingresan y los que salen de los corrales. El registro llegó al 97%, frente al 85% de un año atrás. Esto indica que los ingresos de hacienda se aproximaron a las salidas durante el período considerado y permite observar cómo se está reorganizando el ciclo productivo.
Sin embargo, el aumento de la ocupación no significa necesariamente que los establecimientos estén ganando más dinero. El margen del engorde depende de la relación entre el precio de compra del ternero o novillito, el costo de la alimentación, los gastos sanitarios, la mano de obra, el financiamiento y el valor de venta del animal terminado. Si la suma de esos costos supera los ingresos esperados, una mayor cantidad de animales puede traducirse en una exposición económica más grande.
La alimentación es una de las variables centrales. Los cambios en el precio de los granos y otros insumos modifican el costo diario de mantenimiento de los bovinos, mientras que la conversión alimenticia determina cuántos kilos de alimento se necesitan para producir un kilo adicional de peso vivo. Por eso, la eficiencia de cada establecimiento y la formulación de las dietas pueden marcar diferencias importantes en el resultado final.
También influye el precio de la hacienda al momento de la venta. El engorde a corral requiere planificar con anticipación: el productor compra animales e inicia un ciclo productivo cuyo resultado depende de cotizaciones futuras que todavía no conoce. Una variación desfavorable del precio del ganado terminado puede reducir o eliminar el margen que se esperaba obtener al comienzo.
El crecimiento de los feedlots tiene, además, consecuencias para el abastecimiento de carne. Los corrales pueden aportar regularidad a la terminación de los animales y ayudar a sostener la oferta durante determinados períodos. No obstante, su evolución debe analizarse en conjunto con la recría, la disponibilidad de terneros, la producción pastoril y las condiciones de financiamiento.
La pregunta que queda abierta es cuánto tiempo puede sostenerse una mayor ocupación si los márgenes continúan bajo presión. La respuesta dependerá de la evolución de los precios, los costos y la eficiencia productiva. Para la ganadería argentina, el desafío no es solamente llenar los corrales, sino conseguir que cada ciclo de engorde sea económicamente sostenible.
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